Kenny Robert: "Yo soy una marca"

En una entrevista exclusiva con La N, el influencer y comediante cubano Kenny Robert desglosa la filosofía detrás de su éxito: desde la creación de su personaje femenino como expresión artística hasta su firme postura de negociar sus tarifas como una marca profesional.

Kenny Robert se presenta ante la cámara con una energía teatral que captura de inmediato. "Soy un influencer cubano. Hago comedias", declara en una entrevista exclusiva, definiendo con simplicidad una carrera que se nutre de la versatilidad y la autenticidad. Para él, el contenido digital es un escenario sin límites: "Lo mismo salgo bailando. Salgo de hombre, salgo de mujer, salgo de travesti. Lo que tú quieras ver".

El arte como expresión pura: "Invocar a mi personaje"

Lo que realmente define a Robert no es solo la comedia, sino una forma particular de expresión. Cuando se le pregunta qué disfruta más, no duda: "Lo que más disfruto hacer es vestirme de mujer, o sea, invocar a mi personaje". Explica que este alter ego le permite comunicar facetas de sí mismo que su identidad cotidiana no expresa. "Siento que con él puedo expresar lo que no expresaría con Kenny", confiesa, revelando cómo el arte performativo se convierte en un canal de libertad personal.

Para Robert, este don es innato. "Hay personas que nacen con su don", reflexiona, aunque reconoce el valor de la formación. "Me hubiera encantado haber pasado por una escuela de teatro", dice, mencionando que ser de Camagüey y no de La Habana a veces limita las oportunidades en el medio artístico. Sin embargo, su talento "teatrera", como él mismo lo califica, se forjó de manera orgánica.

Los inicios: De Musically a la autogestión

Su viaje comenzó en 2016 en la aplicación Musically (precursora de TikTok), donde un primer video se hizo "súper viral". Tras una pausa, retomó la creación de contenido en 2019 junto a un amigo, y la respuesta del público lo consolidó. "Cuando uno hace algo y a la gente le gusta, uno tiene que seguir haciéndolo", afirma.

Hoy, Kenny Robert opera como una empresa unipersonal. "Yo soy mi propio equipo", enfatiza. A diferencia de muchos influencers, no tiene manager y dirige personalmente sus redes sociales. Su estructura es mínima: "Lo único que sí hago es que le pago a mis cámaras", comenta, refiriéndose a colaboradores flexibles que lo ayudan con la filmación. Esta autonomía total le permite un control absoluto sobre su marca e imagen.

"Yo soy una marca": La profesionalización del influencer

Quizás el planteamiento más contundente de Robert es sobre la valoración de su trabajo. Se define sin ambages: "Yo pienso que yo soy una marca". Esta mentalidad empresarial guía su interacción con las marcas que desean contratarlo. Su proceso es directo: se sienta con el cliente, le muestra su contrato, su plan de trabajo y su presupuesto.

Expresa una frustración común en su gremio: "Los influencers somos demasiado subestimados en el tema del trabajo". Rechaza la idea de que su labor sea fácil y, sobre todo, detesta que intenten regatear sus tarifas. "Cuando tú vas a una tienda de marca... tú no le puedes decir al vendedor '¡Ay mira, déjamelo en 2.500!'", argumenta con una analogía contundente. "No es así... si no te cuadra pues déjame, pero no me regatees. Detesto que me regateen".

La filosofía y el futuro: "El límite es el cielo"

Para quienes aspiran a seguir sus pasos, su consejo es sencillo y profundo: "Sean ustedes mismos, que fluyan". Recalca que el éxito no es instantáneo —"nada es de la noche a la mañana"— y que todo "lleva un proceso en la vida". Su mensaje final combina determinación y fe: "Denle, denle, denle, que el tiempo de Dios es perfecto".

Con la mirada puesta en el horizonte, Kenny Robert resume su ambición con una frase: "Yo siempre digo que el límite es el cielo". Mientras tanto, sigue construyendo, escena a escena y video a video, un imperio personal donde la comedia, el teatro y una férrea convicción sobre su propio valor son los pilares de un éxito que él mismo dirige, produce y protagoniza.

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