Claudia Reymat: Retratando la belleza íntima

Su estilo es inconfundible: una mezcla explosiva de estética pictórica clásica, nostalgia europea y la potencia visual de la mujer cubana. Claudia Reymat no es solo una fotógrafa; es una creadora que usa la luz como herramienta emocional para dialogar con la sensualidad, la feminidad y la vulnerabilidad. En una escena visual cada vez más saturada, su obra brilla con luz propia.

La N conversó con ella sobre su proceso, los obstáculos de crear desde la isla y por qué la mujer es su musa absoluta.

El comienzo: Una cámara como refugio

Todo empezó a los 19 años, en medio de una búsqueda personal. Sin formación previa y con solo una necesidad urgente de expresarse, Claudia encontró en la fotografía su espacio de pertenencia. “Fue que realmente sentí que esto era lo que quería hacer”, recuerda.

— ¿Academia o autodidacta?

“Soy totalmente autodidacta”, afirma sin vueltas. Su único punto de partida formal fue un curso en la UNEAC donde fotógrafos mostraban su trabajo. “Nada técnico”. Todo lo que sabe hoy sobre luz, composición y postproducción lo aprendió a base de prueba, error y horas infinitas de práctica.

Proyectando su arte: De París a la blockchain

Su trabajo ha traspasado fronteras de formas innovadoras:

Ha participado en exposiciones en formato NFT.

Formó parte de Image Nation, una exhibición de mujeres fotógrafas en París.

Ha expuesto físicamente en Cuba y Bélgica

Su obra circula constantemente en revistas y plataformas digitales internacionales.

La barrera invisible: Crear desde Cuba

— ¿Vivir en Cuba limita tu proyección internacional?

“Sí, muchísimo”, responde. Señala la falta de apoyo institucional y, sobre todo, el infierno de los visados. “Me invitaron a París, pero fue imposible obtener el visado. Es duro ver tu trabajo fuera, pero no poder estar allí con él”. Aun así, su filosofía es clara: crear con lo que hay, y que el arte viaje aunque ella no pueda.

La musa eterna: “No hay ser más bello que la mujer”

— ¿Por qué la mujer es el centro de tu obra?

“La figura de la mujer siempre me ha atraído”, explica. “La mujer es la fuente de inspiración, de creación. No hay ser más bello que la mujer, la creadora de la vida”. Para Claudia, su misión es capturar la belleza singular de cada una, más allá de cánones. “Cada mujer tiene una belleza particular, y cuando alguien está dispuesto a observarla, la puede captar sin problema”.

El dilema creativo: Arte vs. Comida

— ¿Cómo equilibras tu obra personal con el trabajo comercial?

“Creo que puedes mantener un trabajo auténtico y personal mientras haces cosas comerciales. Las dos cosas pueden ir de la mano”, afirma con pragmatismo.

Reconoce la disyuntiva: “lo que creamos artísticamente no siempre nos da para comer”. Por eso, también hace sesiones para familias, bodas y quinceañeras. “Hay que extenderse hacia otras áreas aunque no nos sintamos plenos, porque hay que vivir”.

El sueño neoyorquino y la esencia de su arte

— ¿Cuál es tu gran sueño como expositora?

“Alguna galería o museo en Nueva York”, confiesa sin dudar. “Es la ciudad que más me llama la atención… Con sus museos, el arte, la moda… sería genial exponer allí”.

— ¿Qué quieres transmitir con tus fotos? ¿Hablan de ti?

“Yo no soy una persona que haga fotografías con muchos mensajes. Me guío más por la estética”, aclara. Sin embargo, admite que su esencia siempre se filtra: la nostalgia de su tiempo en Europa, su obsesión por la luz, su amor por la pintura. “Siempre tienen algo de nostalgia y algo pictórico a la vez”.

La escena local: Elogios y una crítica necesaria

— ¿Tienes referentes en Cuba?

“Mi fotógrafo favorito aquí es Raúl Cañivano”, revela. “Tiene un estilo totalmente diferente al mío… pero cada fotografía suya es impresionante. Tiene una magia para captar el momento exacto”.

Pero también lanza una observación crucial para la comunidad creativa local: “Creo que en Cuba falta que los fotógrafos consuman más fotografía internacional, y crear un ojo más crítico respecto a su propio trabajo”.

¿Qué sigue?

Claudia sueña con expandir sus series sobre la feminidad, profundizar en el uso de la luz natural y lograr esa anhelada exposición física en Europa. También quiere fusionar aún más lo pictórico con lo fotográfico, explorando ese territorio mágico entre lo íntimo y lo simbólico.

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